Protocolo de la sesión del 25 de mayo. Redactor: SPG.

II

En esta ocasión analizamos la sección “naturalismo” de Filosofía como ciencia rigurosa (ésta es la traducción más exacta del título clásico de Husserl: Philosophie als strenge Wissenschaft).

El naturalismo epistemológico es una postura teórica que afirma la fundamentalidad de la ciencia natural (y sus métodos) en la posibilitación metódica de la filosofía como ciencia. Es decir, el naturalismo es un intento por hacer de la filosofía una ciencia a través de la ciencia natural (sobre todo a través, en el caso que Husserl expone, de la psicología experimental). De este modo, la filosofía y todas sus “partes” (lógica, ontología, ética) tendrían que ser desarrolladas y fundamentadas por la psicología, fundada ella misma, en última instancia, en las ciencias más generales de la naturaleza, como la física y la química. Ahora bien, un intento como éste (legítimo por su aspiración a la cientifización de la filosofía) implica una serie de absurdos que lo llevan al más absoluto de los fracasos (el de la imposibilidad lógica de principio).  El primero de estos absurdos es la idea, en verdad carente de todo sentido, de que a través de una ciencia de hechos, como la psicología, podrían fundamentarse “aquellas disciplinas filosóficas que tienen que ver con los principios puros de todas las normas, o sea, la lógica pura, la axiología y la práctica puras”. El segundo de estos absurdos es la naturalización de la conciencia (el ver a la conciencia como uno entre otros entes del mundo natural, susceptible de determinación físico-química). Mostrar por qué todo esto es absurdo es algo que nos llevaría demasiado lejos aquí. Para ello véase, para empezar, Husserl, Investigaciones lógicas I, “Prolegómenos a la lógica pura”, §§ 13 y ss.

El fracaso del naturalismo, en su intento por hacer de la filosofía una ciencia, no debe alejarnos, sin embargo, del esfuerzo por hacer de la filosofía una ciencia rigurosa:

“Debido a que el naturalismo se muestra plenamente desacreditado (él, que deseaba trasformar la filosofía basándola en la ciencia rigurosa y convirtiéndola en ciencia rigurosa), su mismo objetivo metódico aparece desacreditado, tanto más cuanto también de este lado se ha extendido la tendencia a no poder pensar la ciencia rigurosa más que como ciencia positiva y la filosofía científica como filosofía fundada en esta ciencia. Sin embargo, también esto es únicamente un prejuicio: sería un error gravísimo querer apartarse por su causa de la línea de la [posibilitación metódica de la filosofía como] ciencia rigurosa.” (FCR, 7).

¿Qué línea nos lleva, entonces, si no la del naturalismo, a la filosofía como ciencia? La línea de la fenomenología trascendental. ¿En qué consiste ésta y cómo conduce ella a la anhelada cientificidad de la filosofía? La línea de la filosofía fenomenológica es la de la pregunta milenaria sobre la relación entre la conciencia (como conciencia) y el ser (en cuanto ser). Esta línea, fenomenológicamente asumida, implica la idea de una clarificación puramente eidética de las relaciones entre el ser, el aparecer y la conciencia (todo ello en general y en consideración puramente esencial). “En la medida en que toda conciencia es ‘conciencia de’, el estudio de la esencia de la conciencia encierra también en sí el de la significación de la conciencia como tal y el del objeto de la conciencia como tal.” (FCR, p. 12).

Pienso que una empresa filosófica de esta magnitud (que articula en sí una ontología formal, una egología trasscendental, una lógica pura y, por necesidad esencial, una teoría de la verdad y de la intersubjetividad), exige necesariamente un programa más o menos bien acabado (determinación de objetos de estudio más o menos prioritarios, métodos, metas y principios), dentro del cual habría necesariamente, por otro lado, infinitud de tareas posibles. Pienso, asimismo, que textos como Meditaciones cartesianas apuntan a esta delimitación programática de un orden sistemático en la asunción de tareas que, dentro del  campo de la filosofía como ciencia, son infinitas. Creo, también, que la delimitación de este orden haría posible pensar a la fenomenología (o bien, a la filosofía fenomenológica) como ciencia, y no como un mero montón de teorías inconexas entre sí. “Tarea de los filósofos –dice Husserl– no es el amontonar, sino el buscar y fijar demarcaciones de esencia.” Y esto aplica también para la reflexión sobre la posibilidad de la unidad de la filosofía como ciencia.

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