Cuarta Meditación 1

 

 En que se desarrollan los problemas de la constitución del ego trascendental mismo

María Ríos

 

§30-33

 

§30. El ego trascendental, inseparable de sus vivencias. En esta meditación, Husserl comienza con la afirmación de que los objetos sólo son para nosotros y son lo que son en cuanto objetos de una conciencia real y posible. El objetivo de dicha meditación será, por un lado, mostrar qué representa este ser y, por otro, qué estructura es la de la conciencia real y posible, ya que el ego sólo es lo que es en su referencia a objetos intencionales. Los objetos son objetos existentes y su referencia al mundo no sólo implica a los de la esfera del tiempo inmanente, que se verifica de un modo adecuado, sino también los objetos del mundo, cuya existencia sólo se muestra en la experiencia inadecuada, en la experiencia externa. Es una propiedad esencial del ego tener continuamente sistemas de intencionalidad y también sistemas de concordancia como potencialidades estables en forma de horizontes presagiables.

§31. El yo como polo idéntico de las vivencias. El ego mismo es existente para sí mismo en ininterrumpida evidencia, esto es, es constituyente de sí mismo en sí como existiendo sin interrupción. Sin embargo, para Husserl el ego no se aprehende meramente como vida en continuo flujo, sino como un yo que vive esto y aquello, que vive en este y en aquel cogito como siendo el mismo yo. En esta meditación sólo se ha puesto de manifiesto la síntesis que polariza las variedades de la conciencia real y posible hacia los objetos idénticos, es decir, la referencia a los objetos como polos, como unidades sintéticas. Aquí, precisamente entramos a lo que Husserl denomina como segunda polarización, en la cual mediante la actividad de conciencia y afectación el yo idéntico vive en todas las vivencias de la conciencia, y a través de ellas está referido a todo polo de objetos.

§32. El yo como sustrato de habitualidades. El yo no remite a un vacío polo de identidad, pues en virtud de la génesis trascendental gana una nueva propiedad duradera con cada acto de un nuevo sentido objetivo, el cual es irradiado por él mismo. Tal es el caso de toda resolución que el yo tome, sean valorativas o volitivas, éstas tienen una duración, a pesar de que yo cambie de resolución, o bien ésta llegue a su cumplimiento. De este modo, lo que se quiere decir es que el yo no es ninguna vivencia, ni ninguna continuidad de vivencias, pues las habitualidades refieren a la corriente de vivencias, y el yo, en virtud de su propia génesis activa, se constituye en sustrato idéntico de duraderas propiedades privativas de un yo; se constituye, por lo tanto, en un yo personal estable y duradero.

§33. La concreción plena del yo como una mónada y el problema de su autoconstitución. Ahora bien, en este parágrafo Husserl distingue del yo como polo idéntico y como sustrato de habitualidades al ego tomado en su plena concreción, al que denomina, al igual que Leibniz, mónada. Sin embargo, es tomado como algo concreto, es decir, en su corriente multiforme de su vida intencional, así como en los objetos presumidos en ella y que eventualmente se constituyen para él como existentes. Esto es, en cuanto ego, yo tengo un mundo circundante que “existente para mí” perpetuamente, y, en él, objetos como “existentes para mí”; conocidos para mí como una organización permanente, sólo anticipados como cognoscibles. Los primeros objetos son de adquisición primitiva, de la explicitación de nunca divisado en intuiciones particulares.

Constituyese, así, en mi actividad sintética el objeto en la forma de sentido explicito: “lo idéntico de sus variadas propiedades”, es decir, el objeto como idéntico consigo mismo, determinándose en sus variadas propiedades.

La actividad del ego, de poner el ser y hacer su exhibición, funda una habitualidad del yo propio por virtud de la cual el objeto y sus determinaciones, son propiedades duraderas yoicas. De este modo, el ego es dado para sí mismo ininterrumpidamente por medio de una evidencia de experiencia, es decir, como él mismo, desde la proposición de la primera persona.

Finalmente, en este parágrafo, Husserl advierte la validez de la evidencia de dicha experiencia para todo ego comprendido en su vida entera, real y potencial de conciencia. Y da cuenta de que el problema de la constitución de tal ego-mónada abarca todos los problemas de la constitución, siendo también consecuencia el problema de la identidad de fenómenos de dicha autoconstitución con la fenomenología en general.


[1] M.C., p. 108.

[2] Cfr. Husserl, Edmund, Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica, Libro segundo: Investigaciones fenomenológicas sobre la constitución, México, U.N.A.M, 1997, §47 y ss.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s